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CRÓNICAS DE LOS BICENTENARIOS: VI CONGRESO INTERNACIONAL DOCEAÑISTA (Primera Jornada)

17/03/2010

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Con una total concurrencia en la sala de conferencias  del aulario La Bomba de la Universidad de Cádiz, daba comienzo el VI Congreso Internacional Doceañista “Experiencia y Memoria de la Revolución Española”. En el acto de presentación previo al comienzo de las conferencias pudimos escuchar las palabras del Rector de la UCA Diego Sales, que destacó la calidad de los ponentes agradeciendo además la modestia con la que estos académicos se habían acercado a participar en el congreso.

Otra de las intervenciones a destacar fue la de la Directora Gerente de la Oficina para la Conmemoración del II Centenario de la Constitución de Cádiz María Luisa García Juarez, que nos trasladó la importancia de la celebración de estos actos, y subrayó que tampoco hay que olvidar como todo este proceso de celebraciones nos acerca al establecimiento de unas relaciones con Iberoamérica. En el acto también estuvieron presentes los coordinadores del curso, Diego caro y Fernando Durán, la Directora de Actividades Culturales Isabel Morales, Juan José Ortiz Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Cádiz y como invitado el Coordinador de la oficina del Bicentenario de 1810, José Quintero.

 

Tras los actos de presentación dieron lugar las dos primeras ponencias correspondientes al horario de mañana. En un ambiente ávido de conocimiento, el Catedrático de Civilización Española en las Universidades francesas de Tours y París III, Jean Renè Aymes comenzó su intervención acercándonos a los escritos recopilados en su investigación, cartas de la época en su totalidad, para desenmarañarnos un complejo laberinto de opiniones, ideologías, experiencias, vivencias y decisiones en las que se vieron envueltos los autores de dichas cartas.

Durante su esquemática exposición, dividió las misivas en diferentes grupos atendiendo a sus destinatarios, finalidad de las mismas, origen, y tipología, según fueran cartas interceptadas por los franceses o cartas de sumisión y colaboracionismo con dicho gobierno. Destacó el catedrático que los destinatarios en su mayoría eran ministros de guerra, comandantes del depósito y algunas excepcionales destinadas al mismísimo Napoleón, pocas eran las destinadas a Fernando VII, Godoy o José I. La finalidad de muchas de estas cartas era la solicitud de favores, en su mayoría, peticiones de casamiento con mujeres francesas para conseguir la nacionalidad, hombres huérfanos de patria que defendían la ideología del “afrancesamiento” o los también llamados “josefinos”.

Mucho menciono también el ponente a los llamados “juramentados”, aquellos que habían prestado su sumisión a José I, unos pedían retractarse de tal juramento por miedo a que en España el bando contrario tomara represalias contra sus familias, y otros cansados buscaban la evasión de sus prisiones ofreciendo su juramento.

Interesante también el tema de las cartas interceptadas, muchas fueron abiertas por vez primera por nuestro conferenciante durante su investigación, y en ellas se descubren sentimientos verdaderamente íntimos de los prisioneros hacia sus esposas e incluso planes de evasión de los depósitos donde se encontraban encerrados. Expresó en este punto Aymes que “ser patriota era intentar evadirse”. Se mencionaba en la carta de un “patriota” que los juramentos eran “la peste” de aquellos días.

Existía una gravedad pues en el hecho de prestar juramento tanto como en el de no hacerlo, grandes brechas de violencia se abrieron entre ambos bandos.

Para cerrar su exposición, Aymes, expresó que en muy pocas de las circulares estudiadas se ve una forma de concesión sentimental del desamparo, y ejemplificó con una de las pocas encontradas que decía “Mi incansable y triste imagen me sugiere las más melancólicas ideas, no deja de oprimir mi afligido corazón...”

 

Tras las últimas afligidas palabras que destacara Aymes en su conferencia le tocó su turno a Antonio Moliner Prada,  Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y eminente investigador que nos introdujo en el concepto de la Revolución Española.

Y es que según palabras de Moliner la Revolución Española fue la revolución de una nación en crisis, una restauración que no supuso una ruptura total.

Y apoyándose en palabras de Quintana, diferenciaba la Revolución Española de la Francesa de aquel 1789 como mucho más moderada la primera, y sanguinaria la segunda.

“Nosotros no estamos en revolución, nos han revuelto” dijo un Diputado de las Cortes, y es que la Revolución tenía como objetivo alejarse de la crisis en la que esta nación se vio envuelta en aquellos días y del Despotismo que mostraba el reinado de Fernando VII, un absolutismo donde el pueblo no tenía voz.

“Se quería dar un sentido romántico e idealista a la Revolución Española, una reforma constitucional alejada de la violencia...”. La libertad y la igualdad eran los patrones a seguir, así se presentaba el moderado modelo español, un modelo que comenzaría con la Libertad de Imprenta. Algunas gacetas y manifiestos menciona el ponente como por ejemplo “Alerta España” un manifiesto donde se insinúa que el problema en España no eran los decretos sino el propio Despotismo, y ese rey feudatario impuesto por Napoleón y se recurre a nuevas imágenes como las abdicaciones de Bayona como inicio de necesidad de nuevos proyectos como lo era la revolución.

Moliner nos habló también de tres personajes influyentes de la época, Calvo de Rozas quien manifestaba la necesidad de crear un núcleo de unión frente al débil gobierno, y más tarde se constituiría la Junta Central. Francisco Martínez de la Rosa que defendía que España carecía de una patria al no tener una constitución, y que el desequilibrio introducido por el despotismo había provocado la desmovilización y la apatía del pueblo. Exponiendo además que para reconstruir una patria hacía falta tiempo, ya que las mentalidades unidas a los hábitos no se podrían cambiar de un día para otro. Por último menciona al gaditano Alcalá Galiano que escribió el texto “Ïndole de la Revolución en España” en el contexto de la guerra civil entre los dos partidos (moderados y progresistas) las dos Españas. El piensa que lo que se soñó en Cádiz se transformó en el Régimen Isabelino de una forma moderada. 

Finalizó el catedrático su exposición trasladándonos sus propias conclusiones de estos y otros textos investigados, y manifestando que afrancesados, liberales, moderados, etc todos eran instrumentos que marcaron el puente hacia la modernidad de nuestra nación. El icono de lo que pasó en Cádiz se aprovechará como ejemplo a seguir para construir regímenes liberales en toda Europa e Iberoamérica. “Nos transformaron de súbditos y vasallos a ciudadanos”.

 

Las ponencias de la tarde comenzaron con la curiosa exposición del Profesor de Civilización Española en la Universidad Blaise Pascal de Francia, Jean-Philippe Luis, el cual nos introdujo en el término “familia” teorizado y estudiado como el poder político, con el método de las investigaciones que usaban metáforas para justificar los poderes políticos en las familias. Y es que  las sociedades europeas de los primeros tercios del 

S. XIX no eran sociedades individualistas como las que hoy conocemos, existían grandes redes de apoyo en las familias, donde además los padres ejercían un poder absoluto que se compara al poder absoluto que ejercían las monarquías absolutistas.

De este modo nos trasladó Luis que el concepto de la familia puede ser una guía para entender la Guerra de la Independencia que se entiende en dos fases, la primera donde la familia es una construcción imaginaria de las relaciones de poder y la segunda los cambios traumáticos sufridos por la crisis en las familias que se traslada a las consecuencias que darán lugar a los cambios políticos.

Y es que la representación del Rey Padre es la metáfora que mejor nos ayuda a entender esta primera fase a la que se refiere el ponente, esta figura del rey que controla cualquier movimiento de sus “hijos” (súbditos), y que actúa controlando el estado, la economía, abastecimiento de los pueblos, administración de matrimonios, etc. 

Y de la crisis de 1808 surgen las consecuencias menos pensadas, la segunda fase es el Rey cautivo, ante esto, los súbditos hijos reaccionan, se reconcilian entre ellos unidos para crear una nueva patria.

Importantes las aportaciones que hace el conferenciante donde se trata la metáfora del Rey padre, textos como algunos de la Restauración donde los liberales seguían utilizando tal metáfora, sermones de eclesiásticos que decían “El rey ha jurado la constitución que tanto amáis, el es nuestro padre y nosotros sus hijos...”.

Aunque esta figura se fue debilitando tras la revolución, el Rey padre deja de tener poder para ser un mero espectador de los hechos. Esto además comienza a ser una necesidad del pueblo para protegerse, de igual manera y a la vez que el Rey padre deja de tener poder lo hace también la figura del padre en la familia. “El rey se convierte en un ciudadano como otro más, ya que el poder está en el pueblo”. Incluso los absolutistas contribuyeron a este cambio utilizando cada vez menos esta metáfora. Los liberales por su parte comienzan a identificar la nación con la figura materna.

Por último y sin abandonar el tema de la familia, Luis quiso explicar el valor que tenía ser el primogénito en aquellos años, y como podíamos concluir en que los hijos segundones, carentes de liderazgo en sus familias y cargados de un cierto sentimiento de abandono o marginación, se afrancesaban o se lanzaban al liberalismo en busca de un reconocimiento más allá del de sus propias familias.

 

Para cerrar la primera sesión de este VI congreso doceañista contamos con la presencia de Juan López Tabar, Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad de Navarra, escritor e historiador incansable que nos ofreció un punto de vista no escuchado sobre la Guerra de la Independencia, el de los “afrancesados” o como el prefiere llamarlos los “josefinos”, a través de textos escritos por estos partidarios del reinado de José I en España, pudimos ver y sorprendernos con multitud de críticas hacia la proclamación de las Cortes de Cádiz, por ejemplo se menciona que se enviaron diputados sin el consentimiento del pueblo y que además eran hombres sin formación, y se alude a las primeras Cortes, las de Bayona de 1808 como las auténticas y verdaderas.

Otro interesante artículo publicado en muchos periódicos de la época y titulado “No importa de España” en el cual se dejaba caer las imprudencias que se habían cometido durante la Guerra de la Independencia por aquellos que se dejaron arrastrar por las pasiones sin importarles las consecuencias que todo ello tendría para el pueblo, tales como la sangre vertida.

Y más artículos donde se calificaba a los diputados de Cádiz como “personas que no tenían ni idea y que en vez de moderar al pueblo lo exaltaban aún más para llevar a cabo sus locuras”. Por aquellos días vivir la guerra en Cádiz era considerado como lo fácil, teniendo en cuenta las buenas condiciones en las que se vivía comparado con otros territorios mucho más castigados por la guerra.

Mencionó también el ponente algunos escritos donde se explicaba por parte de los afrancesados las persecuciones que se veían obligados a sufrir a causa de su ideología, acusaban al gobierno de las Cortes de propagar un odio hacia su causa, apoyados además por la cantidad de coplillas, obras de teatro y publicaciones de la época que no hacían sino añadir más brasa al asunto. 

A pesar de estas discordias, se comprueba un acercamiento entre ambos bandos, afrancesados y los más moderados del lado liberal ante el bando absolutista, el cual se ve reflejado en un texto constitucional que nunca vio la luz y que se enfrentaba a la Constitución de Cádiz.

 

 


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