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Universidad de Cádiz23/01/2012
"Me considero autodidacta pero siempre tuve el complejo de no ser narrador".
Francesc Capdevila, más conocido como Max, es autor de historietas e ilustrador, según aparece en su página web, o dibujante, como se define en el perfil de su blog. Sea como fuere, es uno de los creadores españoles del noveno arte con mayor reconocimiento a nivel mundial, como así lo atestiguan sus portadas para el New Yorker, dibujos para discos de distintos grupos musicales, creación de la mascota para el centenario del Barça o su Premio Nacional del Cómic en 2007. En la actualidad, realiza ilustraciones para los suplementos literarios del New York Times y de El País.
El ciclo Presencias Literarias en la Universidad de Cádiz contó el jueves 19 de enero de 2012 con la presencia de este hombre polifacético, aparentemente tímido y con cara de inteligencia y bondad, quien fue presentado por Paco Cerrejón, director del Encuentro del Cómic y la Ilustración de Sevilla y subdirector del Salón del Manga de Sevilla, que resaltó que “la de Cádiz es una de las universidades de nuestro país que más se ocupa de los tebeos”. Cerrejón definió a Max como “un hito incontestable de la cultura contemporánea española, que si se hubiese dedicado al cine o a la literatura sería nacionalmente famoso”.
La fluida conversación entre ellos duró una hora y media, aprovechadas al máximo para profundizar en su obra, que atraviesa ya cuatro décadas, desde la Barcelona underground y “extraña” de los 70, con la fundación de la mítica revista el Víbora, hasta el nuevo siglo con sus colaboraciones en Babelia junto al crítico literario Manuel Rodríguez Rivero, pasando por otros muchos temas, como por ejemplo la situación del tebeo ahora en España. Max considera que “no es casual que se reediten cosas de los años 10, 20 o 30. Eran los pioneros y luego cayeron en el olvido, por eso tienen mucho sentido estas reediciones para las actuales generaciones. Ahora hay mucho material disponible en las tiendas y eso siempre es positivo. Otra cosa es para nuestros bolsillos”. Reflexionó también sobre el paso “supercómodo” del papel al ordenador, en el que “lo único que no tienes que perder es tu propio estilo”.
Pero de lo que más habló –además de Tintín, al que citó en numerosas ocasiones- fue de su primera etapa como dibujante, “en la que rompimos con todo porque no nos importaba el futuro”. Max se considera autodidacta, “pero siempre tuve el complejo de no ser narrador, por lo que tenía que trabajar con alguien que los escribiera”, y se siente afortunado de entrar en Víbora desde el principio: “En ese underground hubo una cantera estupenda. Lo cojonudo era que funcionase, porque éramos una pandilla de punkis y anarquistas de 21 años que hacíamos lo que queríamos, cómics de drogas, sexo y rock and roll, y además nos pagaban. Sin saberlo, estábamos aprendiendo mucho”.
Gustavo, Peter Punk, la mitología, la filosofía, Bardín, sus creaciones, sus aficiones, desfilaron por la sala Argüelles del Edificio Constitución 1812, “porque me interesan muchas cosas: la pintura, especialmente El Bosco, la tipografía, la música…”.
Tras escucharle hablar en Presencias Literarias, además de sorprendernos por su trayectoria profesional y su espíritu indómito, uno sale confortado, con una inundación de endorfinas alarmantemente alta. La gran ventaja de la ignorancia es que permite de vez en cuando la alegría del descubrimiento.
DANIEL HEREDIA
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