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Miqui Otero en las Presencias Literarias de la UCA

24/02/2017

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“Nuestra forma de hablar define nuestra forma de ver el mundo”

 

Escribir es reescribir el mundo. Esta máxima la aprendió Miqui Otero (Barcelona, 1980) de niño, cuando escuchaba a sus mayores en Mondoñedo, la aldea gallega cuna de Álvaro Cunqueiro donde ha pasado todos sus veranos –de allí son sus padres-, una experiencia que se fundió en su ADN. Desde entonces, quiso “escribir y mentir”, contagiado sin duda por esas narraciones orales de sus familiares que fueron a La Habana en los años treinta y regresaron con relojes de oro… comprados quizás en Santiago de Compostela. La necesidad de compartir una historia es común a todos los humanos. Lo que pasa es que hay quien se lo toma tan en serio que se convierte en escritor. “Siempre he querido escribir, por lo que escoger el periodismo ha sido una manera de foguearme en la escritura. Lo mío ha sido una vocación literaria”, dijo como aperitivo del festín.

 

Pero ni en Santiago, ni en Mondoñedo, ni en La Habana, sino en Cádiz, que es La Habana con más salero, estuvo Miqui Otero el jueves 23 de febrero de 2017 para intervenir en las `Presencias Literarias en la Universidad´ y hablar a los asistentes de sus tres novelas: `Hilo musical´ (2010), `La cápsula del tiempo´ (2012) y `Rayos´ (2016), “su más reposado trabajo” según escribió Justo Navarro en el suplemento cultural `Babelia´. La presentación y posterior entrevista habitual en este ciclo literario la realizó el profesor Enrique García Luque.

 

“Hoy empieza el Carnaval y me parece una proeza que estéis aquí”, aseguró Miqui Otero nada más empezar, empatizando con los asistentes.

 

La primera media hora se centraron en `Rayos´, “una novela de deformación, porque toda novela de formación es también de deformación. En la novela hay un componente autobiográfico, pero predomina la ficción porque la realidad es a veces demasiado inverosímil”. Otero admitió tener influencia de Juan Marsé y su novela `Últimas tardes con Teresa´. “Marsé es un mito para mí. Soy escritor también porque leí esa novela”, confesó. A continuación contó un par de divertidas anécdotas del día que lo conoció en su casa.

 

Y más anécdotas: sobre el barallete, el lenguaje de los afiladores, ya que “nuestra forma de hablar define nuestra forma de ver el mundo”, sobre su primo Francisco Casavella, sobre la precariedad económica de los escritores o sobre cuando pasó unas semanas encerrado en un monasterio cisterciense para terminar de escribir un manuscrito. La conexión gallega de Otero y García Luque fue otro de los puntos que trataron, al entrelazar la emigración de los padres del protagonista de `Rayos´ con su propia emancipación. Y la devoción laica de ambos por Enrique Jardiel Poncela y el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán.

 

Miqui Otero posee una manera especial de mirar las cosas. Incluso en algunas ocasiones, como pudimos comprobar en la Universidad de Cádiz, mira con los ojos tan abiertos que da la impresión de que nunca pestañea. En definitiva, un rato magnífico en nuestro medio natural: los libros. A pesar del Carnaval.

 

DANIEL HEREDIA

 


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