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ENTREVISTAS DE LOS BICENTENARIOS: JOSÉ TUDELA ARANDA

02/12/2010

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José Tudela Aranda, letrado de las Cortes de Aragón

 

“Estamos en un tiempo de cambios que exige de la misma grandeza que estuvo en el proceso de Cádiz”

 

El debilitamiento de la fuerza simbólica del Parlamento y su correlato  con la Ley, el predominio del poder ejecutivo sobre la función de la institución parlamentaria y las disfunciones en la relación de ambos poderes, el ejecutivo y el legislativo, son algunos de los temas que abordó en su ponencia el letrado de las Cortes de Aragón José Tudela Aranda. Con el título ‘El Parlamento y la función legislativa’, el también profesor de Derecho Administrativo de la Universidad de Zaragoza intervino en el seminario permanente de los Bicentenarios 'A los doscientos años de la primera reunión de Las Cortes: El Parlamento a debate', que se celebró en la Facultad de Derecho de Jerez.  Una conferencia en la que asimismo introdujo una serie de reflexiones acerca de la necesidad de reforzar las estructuras democráticas y de poner en valor la Ley en la sociedad contemporánea mediante la actualización de su vinculación a los principios que conforman el orden político.

En estrecha relación con estas cuestiones y en base al análisis del origen de estos poderes democráticos hace dos siglos, Tudela Aranda responde a una serie de preguntas sobre el tema.

 

En su ponencia ha analizado la relación entre Parlamento y Ley como un mismo soporte de la democracia; ¿qué nociones encontramos en la Constitución de 1812 que contribuyan a la reflexión necesaria hoy sobre estos principios democráticos? 


Yo me detendría en dos artículos, el 3º y el 4º. En el primero de ellos se vincula el derecho a establecer leyes directamente a la soberanía nacional. La Ley es, pues, la máxima expresión de la democracia. Por otra parte, en el artículo 4º se relaciona la ley con la garantía de los derechos legítimos de los ciudadanos que componen la nación. Así, la ley se vincula a la concepción más amplia de democracia: expresión de la soberanía nacional y defensa de los derechos fundamentales. En última instancia, los mismos fundamentos desde los que hay que proceder a una actualización permanente de la idea de ciudadanía.

 

¿En qué medida la Historia, a los 200 años de la reunión de las primeras Cortes, puede contribuir en la reformulación de la relación entre el Parlamento y la función legislativa?

 

Creo que puede hacerlo enseñándonos las distancias entre un tiempo y otro. No es preciso subrayar los cambios habidos en esos 200 años. Sin embargo, esos cambios no han tenido reflejo, o, al menos, no el suficiente en nuestra comprensión del Parlamento y de la Ley y de la relación entre los mismos. Pienso que una mirada histórica nos hace comprender con claridad la necesidad de introducir cambios que adapten dos instituciones tan fundamentales como el Parlamento y la ley a la sociedad contemporánea. De nuevo, la historia puede enseñar que la mejor manera de mantener los valores esenciales que nos deben seguir sirviendo de hoja de ruta, es pensar sobre ellos e introducir los cambios precisos en las instituciones

 

¿Puede ser útil la evocación, y la conmemoración, de aquellas primeras sesiones parlamentarias en la Isla de León en la recuperación de la fuerza simbólica y efectiva del Parlamento?

 

Sí, sin duda. Y más en un País con tan débil imaginario democrático. España no puede permitirse perder el simbolismo de esos debates parlamentarios y del propio texto de la Constitución de 1812. Añadiría que tampoco debe renunciar al valor de la definición de la Nación española como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. España tiene el deber (y la oportunidad) de mirar hacia América como no lo puede hacer ninguna otra nación europea. Cádiz, la Isla de León, representa muchas cosas para ese objetivo.

 

¿Cuáles podemos concluir que son los problemas principales del sistema parlamentario y su función legislativa?

 

Es muy difícil resumir. En mi opinión, hay un problema de anacronismos entre las formas y procedimientos de estas instituciones y la sociedad contemporánea. De la crisis del Parlamento se viene hablando desde principios del siglo XX. De la de la Ley, casi otro tanto. Lo cierto es que son dos instituciones debilitadas. Y ambas se encuentran con un obstáculo objetivo y evidente. Tanto la ley como el Parlamento exigen de un discurrir lento, se acomodan mal a épocas veloces. No hay marcha atrás. Los acontecimientos cada vez van a suceder de una forma más acelerada. El Parlamento actual y la ley, en realidad el derecho, no están preparados para ese reto.

 

¿Qué soluciones pueden inspirarse en el origen del parlamentarismo español y qué otras precisan de nuevas fórmulas?

 

Sinceramente, no creo que puedan buscarse muchas soluciones en los orígenes.  Los grandes problemas derivan de la relación con un modelo social que es radicalmente diferente al de entonces. En todo caso, apelaría al espíritu que animo esos orígenes. El deseo de construir entre todos una sociedad nueva basada en determinados valores. Creo que, como entonces, estamos en el umbral de un nuevo modelo social y político, en cierta medida en un tiempo ‘fundante’. Y que exige de la misma grandeza que estuvo en los cimientos del proceso de Cádiz.

 


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