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ENTREVISTAS DE LOS BICENTENARIOS: PEDRO ÁLVAREZ DE MIRANDA.

26/06/2010

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El pasado 11 de mayo, tuvo lugar en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz la inauguración del congreso la Filología Española en el Periodo de Entresiglos (1750-1850), organizado por el Grupo de Estudios del Siglo XVIII de la Universidad de Cádiz.

La primera conferencia Patria, filología y supervivencia: lexicógrafos de la España Liberal, fue impartida por D. Pedro Álvarez de Miranda, catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid, presidente de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII y académico de número de la Real Academia Española desde el pasado 22 de abril. El Dr. Álvarez de Miranda es uno de los principales expertos en lexicografía española y en la historia de la lengua durante el siglo XVIII; tiene una larga relación académica con el Grupo de Estudios del Siglo XVIII y con la Universidad de Cádiz, en la que últimamente ha participado en el III Congreso Internacional Doceañista (2007) y en la Semana Constitucional de los 60 Cursos de Verano de la UCA (2009), entre otras actividades. 

 

- Usted es Catedrático de Lengua Española y miembro de la Sociedad Española de Estudios del Siglo XVIII. En su opinión, ¿cómo cree usted que surge la preocupación por la lengua en este siglo?


En realidad la preocupación por la lengua no data exclusivamente del siglo XVIII. En el caso de España, que fue bastante pionera en algunos aspectos, data de la época del Renacimiento, es decir, la figura de Nebrija a finales del siglo XV destaca en el panorama europeo por ser el primer autor de una gramática y de un diccionario lengua moderna. 

 

Ahora bien, es en el siglo XVIII, desde luego, cuando se funda la Real Academia Española en 1713. Se produce la extensión de la educación, de manera tímida pero palpable, la misma política bastante centralista de los Borbones sigue proyectando una atención considerable sobre la lengua española y se publica, por ejemplo, el que yo creo que sigue siendo todavía el diccionario más importante que se ha hecho nunca de nuestra lengua, y que es el Diccionario de Autoridades, que fue la primera gran obra de la Academia. 

 

De manera que sí, mi dedicación al siglo XVIII y mi interés por la historia de la lengua tienen bastante que ver, puesto que desde que empecé mi tesis me interesé justamente por una época que hasta entonces había sido poco estudiada, por esa cierta mitificación que la escuela de filología española había hecho del Siglo de Oro. El siglo XVIII siempre tenía una cierta mala prensa de siglo “afrancesado”. Hoy sabemos efectivamente que no es así en absoluto. Y nuestra deuda intelectual y filológica con el siglo XVIII es verdaderamente importante.

 

- La Ilustración fue precisamente una de las aportaciones más importantes a la cultura europea y americana.  ¿Qué elementos de esta aportación destacaría como esenciales?


Es difícil contestar, pero hay dos que me vienen a la cabeza. Uno, el afán pedagógico, el poner en el centro de las preocupaciones la educación, el considerar que, el remedio a los males de un país estaba en la formación de las gentes. Al fin y al cabo es una idea que después, en la historia de España ha dado mucho juego; en cierto modo también viene del Renacimiento, como tantas cosas, y después los que la formularán de una manera más radical son los institucionistas, la Institución Libre de Enseñanza. En definitiva, la fe en la educación.

Y otra, que en España es tal vez más débil que en otros países, pero que también va calando en la sociedad, es un cierto espíritu de secularización, un poner a la Iglesia en su sitio. Desde luego, la Ilustración española, salvo excepciones, no fue en absoluto heterodoxa desde un punto de vista religioso, pero sí que trató de mantener esferas distintas. La esfera de lo civil y de la razón, frente a la esfera de lo eclesiástico y de la fe.

 

Esas dos son dos señas de la Ilustración y también de la Ilustración española, aunque la Ilustración española fue bastante posibilista, digamos menos radical que en otros países, y en cierto modo fue un ensayo que no terminó demasiado bien. Es decir, que los acontecimientos de 1789 en Francia y su repercusión en España, el enfrentamiento con Francia que desemboca en la Guerra de Independencia, etc., odo eso, evidentemente, hizo saltar de manera muy aguda contradicciones y enfrentamientos de los que en definitiva sale también la España contemporánea. En definitiva, la liquidación del Antiguo Régimen, pero a costa de mucho sufrimiento.

 

- En los debates de las Cortes, algunos diputados eran muy conscientes de la novedad de las ideas y del lenguaje, ¿podría decirnos qué nos legaron?


Realmente las Cortes de Cádiz tienen una importancia que en muchos aspectos nunca se subrayará lo suficiente. A mi me emociona entrar en el Oratorio de San Felipe Neri y pensar que allí se dijeron algunas cosas que nunca se habían dicho en español, por lo menos de una manera tan clara y tan abierta. 

 

Se han estudiado bastante desde el punto de vista lingüístico esas novedades. De hecho, la primera tesis doctoral que dirigió mi maestro don Rafael Lapesa sobre estas cuestiones de lo que podríamos llamar ideas y palabras, la correlación entre la evolución del léxico y la evolución de las ideas políticas, estuvo dedicada al léxico de las cortes de Cádiz, que después ha sido objeto de nuevos estudios. Me refiero al libro de Mª Cruz Seoane El primer lenguaje constitucional español.

 

Evidentemente ahí se cristaliza un léxico y unas ideas que son las de la Ilustración y que serán las del Liberalismo. Y observar cómo todo eso se plasma en las palabras, cómo algunas de las discusiones interminables de los diputados giraban en torno a determinadas palabras, a la palabra “nación”, a la palabra “bienestar”, a la palabra “felicidad”, impresiona realmente porque ahí se estaba alumbrando un mundo nuevo y porque al fin y al cabo es emocionante que una serie de personas de ideas dispares se reúnan por lo menos para hablar y no para agredirse. Es decir, que es un ejercicio de civilización, de entendimiento, que terminó mal también en 1814, pero con el cual España y el pensamiento político español dieron pasos importantísimos. 

 

A mi me parece que lo que está haciendo Cádiz por conmemorar las Cortes de 1812  verdaderamente merece la pena, merece eso y más que se hiciera. Es un acontecimiento en el que no hay que escatimar medios ni interés. Es una suerte que esas deliberaciones se celebraran aquí. Si se hubieran celebrado en Madrid seguro que nadie dedicaba tanto empeño como está dedicando esta ciudad a recordar uno de los hechos verdaderamente más trascendentales de la historia de España. 

 

- Puede decirse, sin embargo, que fueron las ideas nacionalistas del Romanticismo posterior las que llevaron a las Independencias, ¿qué papel desempeñó la lengua española en los procesos de estas Independencias?


Efectivamente, el proceso de las Independencias es muy complejo y tiene bastante que ver con lo que ha ocurrido por esas fechas en EE. UU., unos años antes, con lo que está ocurriendo en Europa, con la propia coyuntura política de debilidad que aprovecharán las minorías criollas en Hispanoamérica, que son las que lideran los procesos de Independencia. 

 

Es muy interesante el papel que desempeña la lengua, porque no hay que olvidar que el proceso de hispanización lingüística de América había sido un proceso lentísimo, de manera que cuando se produce la emancipación, se calcula que aproximadamente el porcentaje de hispanohablantes no era más que de un 25%, es decir que las tres cuartas partes de la población indígena no hablaba español. Por tanto, paradojicamente, la definitiva —si es que se ha consumado, que en cierto modo no se ha consumado—,la definitiva hispanización lingüística de América se produjo después de la emancipación, y no antes.

 

Fueron las jóvenes repúblicas las que hicieron de la lengua una seña de identidad nacional, una seña de progreso, aunque esta palabra dé siempre un poco de miedo usarla, y un elemento de unidad frente a la diversidad de las distintas comunidades indígenas que tenían a veces verdaderos mosaicos de lenguas entre las cuales el entendimiento era difícil. Es decir, la lengua española se convirtió en una palanca en la identidad nacional de estas jóvenes repúblicas. Es cierto que hubo, y es un fenómeno lógico, algunas actitudes un poco centrífugas o de rechazo de lo español, precisamente porque se acababa de salir de una dominación.

 

A lo largo del siglo XIX hubo conatos incluso de subrayar lo diferencial, en vez de subrayar lo que unía, subrayar lo que diferenciaba, por ejemplo, a través de la ortografía. Hubo intentos de ese tipo en Chile y México, por ejemplo. Hubo muchas personas inteligentes que se llegaron a preocupar por el hecho de que la lengua española pudiera fragmentarse. Por ejemplo, Rufino José Cuervo, un gran filólogo colombiano estaba convencido de que el español podría partirse al igual que se había partido el latín al romperse el Imperio Romano.

 

Afortunadamente, digamos —afortunadamente porque yo creo que es bueno que el español no se haya roto—, las circunstancias en el siglo XIX eran muy distintas de las circunstancias en el siglo V, de manera que había ya suficientes elementos de cohesión como para favorecer y casi garantizar que la lengua española no se iba a romper en pedazos.

 

Además, una vez pasado ese sarampión diferenciador de los primeros años de las independencias, se fue viendo lo que de positivo había en esa unidad. Incluso a partir de 1871, en una época en la que ya hay menos recelos hacia España, se empiezan a fundar las distintas Academias correspondientes de la Academia Española, estas empiezan a colaborar, y eso ha producido ese pequeño milagro de que siendo una lengua oficial en veintiún países, tengamos un grado de unidad lingüística muy satisfactorio.

 

- ¿Qué perdimos cuando tantos ilustrados como Jovellanos, Blanco White, Quintana, o el propio Cienfuegos sufrieron la persecución, la muerte o el exilio?


Cada caso que mencionas es diferente. Es cierto que todos ellos padecieron algún tipo de persecución. Cienfuegos, por ejemplo, murió en el exilio al poco de salir de España en 1809. El caso de Blanco White es distinto, es una especie de autoexilio un poco más voluntario. Las persecuciones que sufrió Jovellanos fueron anteriores.

 

Es cierto que muchos españoles se sintieron enfrentados  a un dilema, el de elegir entre la patria y el progreso, por decirlo de algún modo. Por ejemplo, Cienfuegos, que era un hombre de ideas bastante avanzadas tuvo una actitud muy heróica de no sometimiento a pesar de que muchos de sus amigos estaban entre los afrancesados. Y él no. Lo detuvieron y lo desterraron. 

Se podría decir que perdimos con Blanco White. Jovellanos murió bastante mayor ya. Él sí que había dado de sí la mayor parte de lo que tenía que dar. 

 

Aunque sinceramente yo no lo plantearía así, en el caso de Blanco White ganamos un escritor muy original, un escritor que empieza a hablar de España desde fuera, uno de los pocos casos de heterodoxia religiosa abierta y clara, de refutación del catolicismo oficial. No creo que perdiéramos mucho. Cienfuegos murió más joven sí, al parecer de tuberculosis. Su muerte me recuerda a la muerte de Machado. Esa situación en la que con el exilio se produce un derrumbe físico y moral.

 

Al fin y al cabo esa situación puso a muchos hombres a prueba. Y esa prueba dio en cierto modo resultados que hoy emocionan, Las cartas de Jovellanos desde la prisión, etc. El crecerse ante la adversidad, en muchos casos, es una fuente valiosa de la creación literaria. Los testimonios de estas personas nos han dejado afortunadamente mucho material para conocer esos años apasionantes del final del Antiguo Régimen y del alumbramiento de una sociedad nueva.

 

Hay muchos españoles muy dignos de recuerdo en todos estos años, y yo no lo siento como una perdida, sino como un trance complicado del cual ha salido lo que somos hoy literaria, política e históricamente, y desde luego muchos de ellos pasaron por Cádiz. Cádiz fue durante algunos años verdaderamente la capital de España.

 

-  Acaba de ser elegido académico de número de la RAE, ¿cuáles son los retos que debe afrontar el español, principal patrimonio cultural de todos y cada uno de nuestros pueblos, en este mundo globalizado y con la hegemonía del inglés como lengua de la red?. En este contexto ¿cuál debe ser la labor de las Academias de la Lengua?


La Academia tiene muy claro, y siempre lo proclama así, que una de sus misiones fundamentales es velar por la unidad de la lengua española. 

 

A lo mejor están actuando aquí todavía esos miedos que decía antes que atenazaron en el siglo XIX, a una hipotética fragmentación. No hay en el horizonte peligros para esa unidad, pero nunca está de más el estar vigilante.

 

Yo creo que la unidad de la lengua es un hecho positivo y que por tanto hay que protegerlo.El mayor logro es que el español ha alcanzado una unidad ortográfica y debemos mantenerla como sea. En el terreno de la gramática y en el terreno del vocabulario la unidad es imposible, una lengua con 450 millones de hablantes no puede ser homogénea ni es necesario que lo sea. Lo importante es que haya un sustrato común que facilite la comunicación. 

 

Ahora bien, parece ser que las sociedades hispánicas cada vez exigen más de la Academia, que ha acostumbrado al mundo hispánico a suministrarle una serie de obras que el mundo hispánico recibe con mucha expectación; el diccionario, y ahora también esa nueva gramática monumental que ha salido hace unos meses y de la cual van a salir sucesivamente dos compendios. 

 

El verdadero reto de la Academia es mantener ese mismo nivel de cohesión y de identificación de una comunidad de 450,000,000 de personas con un instrumento de comunicación que es este que manejamos. 

 

Respecto a la red, la competición con la lengua inglesa es una batalla desigual. Dicen que la lengua española crece en la red aunque sigue estando lejos del inglés. En mi opinión, lo que hay que hacer es no retroceder posiciones, aunque yo no soy partidario ni de un triunfalismo lingüístico, ni de esa especie de obsesión por el ranking. Más bien hay que ser conscientes de que somos una lengua con un peso demográfico, cultural y literario enorme, probablemente con un peso menor en el terreno político, científico y tecnológico. donde sí tenemos que pensar en ir a más. 

 

-¿Qué pueden y deben aportar las Academias de la Lengua a la conmemoración de los Bicentenarios?


La conmemoración de los Bicentenarios que se va a prolongar a lo largo de varios años, dará lugar a multitud de encuentros políticos y académicos. La lengua ocupará ahí un papel muy destacado, aunque creo que se ha hecho ya demasiada retórica con esto, “la madre patria”, etc.

 

Creo que lo verdaderamente importante es volver a un hecho inapelable y es que realmente la lengua es un factor de acercamiento entre nosotros. Es una suerte que otros no tienen el poder leer a Cortazar, a Borges, a García Márquez, a Carlos Fuentes, o a Vargas Llosa sin que te lo tengan que traducir, o a Javier Marías y Antonio Muñoz Molina para los del otro lado del Atlántico.

 

Al margen de la retórica y de esta exaltación gozosa de nuestra posibilidad de leernos y de entendernos, creo que en lo que más hay que insistir es en las políticas sociales; las capas de analfabetismo y acceso precario a la cultura y a la lectura en muchos países latinoamericanos son todavía bastante sangrantes, debemos hacer lo posible por que eso no ocurra.

 

Estamos hablando de un mosaico de países en los que habría que canalizar del modo más sensato posible esta euforia conmemorativa sin hacernos olvidar los problemas que sufren.

 

Posiblemente haya Academias en algunos de estos países que desarrollan su labor en condiciones todavía un tanto precarias, y sospecho, aunque no lo conozco bien, que algunas de esas Academias tampoco tienen una incardinación en las sociedades respectivas demasiado afianzada. Creo que aún queda mucho por hacer, aunque se han dado pasos en una dirección interesante, la Asociación de Academias de la Lengua Española tiene una actividad cada vez más verdadera, participan bajo la dirección de la Academia Española, que funciona como una especie de “primus inter pares” o más bien “prima inter pares” de todas ellas, pero al fin y al cabo participan, que es lo importante.

 

En conclusión, hay que rebajar la retórica y potenciar la eficacia y que de estas conmemoraciones salgan realidades culturales, políticas y económicas de progreso para todos los países hispánicos.

 


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